Reflexiones generales sobre los medios de comunicación*



LA VIDA SIMULADA


En la segunda mitad del siglo XXI. Ash, una amazona ultramoderna, ha superado las últimas etapas de un peligroso juego de realidad virtual clandestino, en el que los perdedores sufren un colapso nervioso que les impide el regreso a la realidad. Ash está muy cerca de Avalon, lugar al que llegan los héroes muertos en combate según la mitología celta. La isla de la bienaventuranza. En el nudo de la historia, Ash se ve en la encrucijada de decidir si prefiere penetrar en el mítico plano que le abrirá el camino al misterio de un mundo mental que la fascina, o recuperar su vida real, de sensaciones y emociones propiamente humanas.

Avalon
[1], la película del japonés Mamoru Oshii, mezcla de animación virtual y película bélica de culto, presenta un planteamiento inquietante sobre el destino final de la integración de la tecnología en la vida social: ¿llegará el momento en que la virtualidad sea tan fascinante, o tan poderosa que, como adictos a un narcótico perfecto, decidamos zambullirnos de manera definitiva en ese mundo artificial de impulsos electrónicos donde todos los deseos pueden ser satisfechos?¿lo haremos sin preguntarnos quién controla el juego y a quién excluye?


TECNOLOGÍAS DE INFORMACIÓN, OCIO E INDUSTRIA DE ENTRETENIMIENTO

El ocio o esparcimiento es el conjunto de actividades que se llevan a cabo con la finalidad de pasar el tiempo sin una meta económica o productiva específica. Actividades culturales, turísticas o deportivas incluyendo el uso de medios de comunicación, juegos de mesa, video juegos y todas las formas de hibridación posible entre éstos.

Actualmente, la industria del entretenimiento está ligada a la evolución de las tecnologías de información. Ni aun los más radicales tecnófobos pueden escapar de la realidad mediática. Ha permeado profundamente todas las esferas de la sociedad contemporánea:



Hoy es una evidencia que la economía global está basada en la tecnología y activada por el poder financiero. Éste, a su vez, se moviliza por la lógica de la acumulación de capital a gran escala. La industria de tecnologías de información es un instrumento intrínseco al poder financiero que elabora sus productos con la certeza de la satisfacción de deseos y apetencias colectivas. Muchas veces generados o acelerados artificialmente por tales industrias. De ahí deriva la ambigüedad del concepto de progreso, que ha sido sometido a implacable crítica en los últimos años […] sólo se puede progresar reconociendo la negatividad específica de cada tecnología. Y una forma de verificar su posible negatividad es recordando que las costumbres humanas extraen su coherencia de su arcaica y perenne significación biológica. Por eso, observar el comportamiento de la naturaleza y aprender de ella, de un modo reflexivo y crítico, aparece como un camino útil en la actual confusión mediático cultural, en la que el ruido prevalece sobre la razón y la cantidad desborda la calidad […]”[2].
A medida que el ocio se industrializa o comercializa, proceso potenciado por la expansión de los medios de comunicación, la dinámica del libre mercado se infiltra en el tejido cotidiano unificando la ruptura que en su origen describiría el sentido propio del ocio. De esta manera, se tejen las dinámicas sociales del empleo y el esparcimiento y sus discursos estructuradores con los lazos del tiempo y el ritmo impuestos por el sistema industrial: tecnología, consumo, organización del tiempo, competencia, estrés
[3]. Un sistema que articula los dispositivos de ocio a los del trabajo, convirtiendo en impostura la proclamada separación de ambos ámbitos.


En México, como en la mayoría de los países del mundo, la sociedad ha colocado a los medios de comunicación como su principal fuente de entretenimiento. Desde los inicios del cine hasta las más modernas innovaciones en el contexto mediático, como la radio-televisión satelital directa con sus innumerables opciones, el Internet, los juegos multimedia y la realidad virtual se han vuelto la piedra angular para la comprensión de la dinámica cultural contemporánea. Sin embargo, el sector económico-empresarial que domina en este campo de relación de fuerzas no se propone incrementar la conciencia de la dinámica social, la multiculturalidad o la democracia, sino la ganancia económica mediante la alienación y cierta manipulación ideológica.

Lo descrito hasta aquí permite plantearse si existe para México una salida a los enormes retos que enfrenta -y que enfrentará en el futuro cercano- en el campo de la comunicación pública. El país parece atrapado en un torbellino de inercias históricas y problemas sociales, políticos y económicos que parecieran no tener soluciones próximas.

La sociedad sufre un efecto de disolución cultural para el que no encuentra una alternativa que dé coherencia y bases mínimas de entendimiento entre los actores que la componen. En esta inconsistencia de valores culturales la industria del entretenimiento ha jugado un papel central, desde una posición más bien ambigua. Especialmente las grandes compañías de medios de
comunicación, que fuera de los cortos alcances de difusión y preferencia que tiene la televisión cultural, han privilegiado la homogenización centrada en los valores del consumo, y en los últimos años han agudizado la tendencia a la franca vulgaridad y pobreza intelectual y ética en sus contenidos. Se ha argumentado que los medios comerciales son estrictamente lucrativos y por lo tanto ellos elaboran contenidos de "entretenimiento" para sus audiencias; pero esto no significa que no sean responsables de su influencia y de sus efectos. Especialmente de la enorme irritación y frustración social que provoca privilegiar los valores del consumo en un país donde la movilidad social es muy limitada[4]; eludiendo la responsabilidad en el fortalecimiento democrático que tiene el ejercicio de la cultura a través de sus herramientas de comunicación.
La victoria de la sociedad mexicana sobre las prácticas oficiales de la censura se diluye cuando los medios privados la interpretan en función de intereses mercantiles, sin detenerse en la responsabilidad social a la que están obligados
[5].En un país que se define como democrático la sociedad tiene derecho a exigir medios de comunicación que sirvan verdaderamente para mejorar su calidad vida. Más aún, tiene derecho a participar activamente en la producción de contenidos y estrategias de difusión de acuerdo a sus intereses identitarios, de información, de clase, estéticos o de entretenimiento. Sin embargo, ésta no tendrá herramientas para exigir y ponderar con sensibilidad sin educación básica adecuada; particularmente sobre el uso y consumo de los medios. Y no solamente educación con respecto a enseñar al estudiante a tener capacidades para aprender conocimientos científicos o tecnológicos, o de aprender y reproducir los valores sociales, a veces sin espacio para la crítica y la reflexión abierta, sino también una habilidad que en el discurso se alude con frecuencia pero que en la práctica se margina: la habilidad fundamental de enseñar a los seres humanos a conocerse a sí mismos a través de su historia colectiva y personal.


[1] Momoru Oshii Avalon Japón, Canal + 2001
[2] Roman Gubern 1999. El eros electrónico México: Taurus, pp. 218-219[3] Podemos encontrar una referencia similar en las reflexiones de Vaneigem sobre el tiempo fuera del trabajo: “No hay tiempo muerto. Bajo el ángulo de la obligación, la vida cotidiana está regida por un sistema económico en el que la producción y el consumo de la ‘ofensa’, tiende a equilibrarse”. En: R Vaneigem.1977. Tratado de saber vivir para el uso de las jóvenes generaciones. Barcelona: Anagrama, pp. 24[4] Nos referimos a la movilidad social ascendente. La que permite que una persona pueda, mediante el esfuerzo personal y el uso adecuado de las oportunidades que ofrecen las políticas públicas, mejorar su nivel socioeconómico.[5] La responsabilidad y el compromiso social de los medios privados proviene fundamentalmente de ser concesiones que el Estado les otorga para lucrar con un bien público.


Imágenes:
Cartel de Avalon. Courtesía de Monolith Films (c) 2002. En: http://en.wikipedia.org/wiki/File:Avalonenpolognetheatricalpolish.png [revisado en 05.06.09].

Chaplin en una escena de la película Tiempos Modernos (1936).

* Héctor T. Zetina Vega. 2009. Ocio digital. Teoría y práctica en el análisis de los nuevos medios electrónicos. Cuernavaca: EST (Fragmento).